D·reojo

Mis Tiempos (Capítulo 6)

Te quiero Laura, te quiero por tus piernas suaves, tu sonrisa inocente y tu carácter firme. La noche anterior pensé en tí mientras la telenovela de la abuela llenaba el aire de emociones plásticas. En el taburete, junto a mi cama, estaba la pluma lista para ser forzada a escribir que siento por ti lo que los niños sienten cuando aparece la posibilidad de descubrir otra realidad; através de una puerta abierta y con final obscuro, a través del misterio. Te quiero con desesperación desde que caminé dentro del salón de clases esperando enamorarme y tus cabellos rojos protegían tu rostro pecoso, tus hombros definidos, tu espalda explosiva. Ahora sueño que te encuentro y un gato pardo nos interrumpe para pedirte comida, te inclinas y desparece detrás de tu mano, regresas y me dices que el gato a decidido abandonar este mundo por que tus dedos así se lo han pedido. Te pido que me dejes contemplarte eternamente a la distancia. Te quiero, Laura. – Laura es el personaje que recibe una carta en un sueño profundo. En realidad es el utópico sentimiento del amor que cobija el alma y la desprende de la realidad. Siempre que sueño así me siento culpable, el amor de una mujer no puede ser el cobijo del alma de otra mujer que ama las manos suaves de un hombre. Te quiero Laura, te quiero.

Demos otro paso más, sigamos a resolver los problemas de Descartes. Algún día muy pronto, con la titulación, llegará un trabajo estable, probablemente hablando de lo que más me gusta, probablemente no, pero un trabajo es un trabajo, es una necesidad y un gozo que forma parte de lo cotidiano, que no es sino el fundamental destino de un sujeto, sujeto a todos los demás. Después, con la estabilidad viene la búsqueda de una mirada escondida detrás una multitud, una mirada asesina, letal, la mirada que quiere tocarme, pasar sus manos por mis muslos, debajo de la falda, en el ombligo vírgen; soy de las que gozan ser tocadas y no de las que investigan a conciencia las partes ajenas, soy envidiosa, soy lo que decidí ser y pretendo lograrlo. No, no es así, soy romántica, por eso sueño que escribo que te quiero a ti, Laura, aunque no se de ti sino que eres pelirroja y que en realidad no disfrutaría tu sexo. En cambio, sí que amo mi futuro y amo despertar y caminar a tiempo, sin prisa, para observar bien qué tanto han crecido los duraznos en el parque, los niños vecinos, las barrigas de los que solían ir al gimnasio en la secundaria para pretender tocar mis muslos y que jamás, jamás lograrían acariciarlos, que significa tocar lo invisble con los ojos del corazón. No pretendo abandonar mi destino, no mientras me mantenga construyéndolo. Aún así te quiero Laura, te quiero por que sueño contigo cuando las noches son cálidas y necesito saber que el amor no se rinde, en cierta medida eres yo misma amándome a cada instante.

Ahora me siento, esucho, digo lo que pienso y pienso en soñar más tarde.


vicemag:

Interview with a Mexican Coke Dealer
Julián is a coke dealer. He’s 44. He’s been working Mexico City for two decades. He agreed to take us on a ride-along as he worked. The phone never stopped ringing, not for a minute.VICE: You couldn’t see us yesterday because you had a really important poker game. How was it?Julián: Great, man. I won. We split the pot. I got 1,000 pesos. It was relaxed. There was a tournament today, but I won’t be going.Do you have contacts with the police or politicians?Of course, with the AFI [Mexican FBI]. Everyone is well connected, and everyone is so full of bullshit—epecially over there in the organized crime and anti-kidnapping units. I take care of the heavyweights from the AFI. They send their bodyguards to me in armored cars and shit.[At this point, Julián pulls up to a drugstore.]You buying medicine?No, just candy for my diabetes. Oh, yeah, I’m diabetic. If you do not complicate your existence, fuck, life is worth shit. I won’t be long, hang in there.[Ten minutes later we are driving south of Mexico City.]Julián: Look at that guy [pointing at a trannie]. Shit. It’s a shame he’s got an antenna.Have you ever gotten a blowjob from one of them when you were really coked up and horny?With hookers, of course. At my age, I can’t be judged if I do a guy or I don’t.
Continue
View Larger

vicemag:

Interview with a Mexican Coke Dealer

Julián is a coke dealer. He’s 44. He’s been working Mexico City for two decades. He agreed to take us on a ride-along as he worked. The phone never stopped ringing, not for a minute.

VICE: You couldn’t see us yesterday because you had a really important poker game. How was it?
Julián: 
Great, man. I won. We split the pot. I got 1,000 pesos. It was relaxed. There was a tournament today, but I won’t be going.

Do you have contacts with the police or politicians?
Of course, with the AFI [Mexican FBI]. Everyone is well connected, and everyone is so full of bullshit—epecially over there in the organized crime and anti-kidnapping units. I take care of the heavyweights from the AFI. They send their bodyguards to me in armored cars and shit.

[At this point, Julián pulls up to a drugstore.]

You buying medicine?
No, just candy for my diabetes. Oh, yeah, I’m diabetic. If you do not complicate your existence, fuck, life is worth shit. I won’t be long, hang in there.

[Ten minutes later we are driving south of Mexico City.]

Julián: Look at that guy [pointing at a trannie]. Shit. It’s a shame he’s got an antenna.

Have you ever gotten a blowjob from one of them when you were really coked up and horny?
With hookers, of course. At my age, I can’t be judged if I do a guy or I don’t.

Continue



Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978) I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski

Klaus Kinski im Making Off “Nosferatu - Phantom der Nacht” (BRD-Herzog-1978)
I look as I have to look! If I wouldn’t look as I have to look, I wouldn’t accept it! - Klaus Kinski


Mis Tiempos (Capítulo 5)

El último artículo, el segundero pasa lentamente sobre las doce por última vez, la siguiente vez lo hará tan rápido que será necesario despedirse con una mezcla ingeniosa de elegancia y rapidez, bajar las escaleras en lugar a esperar el ascensor y evitar a toda costa a Marcela y sus amigas que, como de costumbre, esperan pacientes un compañero de viaje, chisme y coquetería barata. El objetivo es claro: hoy, como hace muchos años, Martín Reyes escapa de la monotonía para aventurarse en el contraflujo.

La noche anterior el atardecer caía sobre el pueblo serrano, la niña se perdía y le había quedado la sensación de que, después de todo, no era un sueño ajeno. La memoria suele disfrazar el tiempo de manera que a la distancia es difícil recordar con claridad los colores y las tonalidades de cada instante, esto quizá se debe a que somos intérpretes de los sueños sujetos a las necesidades del presente. Martín había disfrazado su pasado con una  tela gris y un maquillaje pálido, no recordaba su rebeldía y desdén filosófico, su rechazo al colegio, las caricaturas de la mañana y el aroma de los frijoles. Las conversaciones de auto-crítica habían desaparecido, él y su inconsciente eran ahora dos viejos gordos y obsoletos, bebedores y jugadores pasivos de cartas.

Esa tarde, mientras investigaba sobre la calidad de vida de los micronesios, un error en el flujo neuronal provocó que el recuerdo pálido del viejo se cruzara con la búsqueda de la niña. En ambos casos caía el sol derramando la miel cálida de sus último rayos sobre los muros y el polvo. En ambos casos la sensación era de felicidad absoluta. No había error, el motivo era una búsqueda necesaria, un objetivo primario del alma.

El camión lo llevaba a través de las calles lluviosas del centro, los cuerpos se balanceaban con los baches, una pareja discutía si habían o no olvidado su amor en la primera cita. Martín era feliz, feliz como se es cuando hay un objetivo y el camino está dispuesto para cumplirlo. Esa noche encargaría al gato con su vecina, juntaría los ahorros para el retiro y dormiría para soñar una ruta, al siguiente día usaría el sueño para guiarse en busca del pueblo serrano, el viejo y la niña. Hizo una parada en una tienda de discos, pidió Abbey Road, que siempre le había parecido el mejor del cuarteto, pagó y salió sonriendo por primera vez en mucho tiempo.


Hay que acabar con la noción absolutamente engañosa de que todo el mundo tiene que ganarse la vida. Es un hecho hoy que uno de cada diez mil de nosotros puede hacer una innovación tecnológica capaz de sostener a todo el resto. La juventud de hoy tiene toda la razón en reconocer esta tontería de ganarse la vida. Seguimos inventando trabajos debido a esta falsa idea de que todo el mundo tiene que ser empleado en algún tipo de trabajo penoso, porque, según la teoría Malthusiano-Darwinista, él debe justificar su derecho a existir. Así tenemos inspectores de inspectores y personas haciendo instrumentos para inspectores para inspeccionar a los inspectores. El verdadero negocio de la gente debe ser volver a la escuela y pensar en lo que fuera que estaban pensando antes de que alguien se acercara y les dijera que tenían que ganarse la vida

Richard Buckminster Fuller

(via gondomil)


Mis Tiempos (Capítulo 4)

No te he dicho jamás que eres un buen chico, me parece que no eres tan feo y quizá un poco inteligente, no puedo negar que por momentos has sido un tanto brillante y por muchos otros te convertiste en una sombra proyectada por nada; algo así como un fantasma de los que no se ven y por lo mismo no causan terror en nadie. ¿Para qué sirve un fantasma invisble? ¿Por qué he de existir si los demás me ignoran? Durante algún tiempo creíste en el destino, en señales mágicas que anunciaban tu éxito final a pesar del camino sinuoso en que te encuentras. Ahora la realidad es otra, el ecepticismo se ha apoderado de tus ilusiones y lo único que importa es caminar para llegar a algún lugar, ya no caminar por caminar; caminar por que las hojas en otoño caen mientras lo haces; caminar por que de vez en cuando una mujer hermosa es una posibilidad de conquista furtiva, lejana al sonido de la costumbre. Y entonces ocurre que te cruzas con un auto que interrumpe la marcha y cesan los pensamientos autocríticos ¡Déjalos! ¡Vuelve a la realidad y enfrenta tu materealismo urbano! – El camión no estaba muy lleno, Martín no acostumbraba viajar en contraflujo, en un camión lleno de jubilados, amas de casa y ociosos. La inseguridad lo hacía hablar consigo mismo de vez en cuando. Tiempo atrás eran conversaciónes con un cómplice inconciente, de poco en poco se transformaron en una feróz autocrítica.

Cuando niño las cosas no habían sido más fáciles, el terror de perderse en el supermercado sólo fue sustituido con otros temores proporcionales al tamaño que el tiempo le asignaba a su cuerpo. Todo era fantástico, el miedo y la alegría. Con los años quedan los recuerdos que pasan sin hacer ruido por una mente ocupada: En la casa de la abuela había un sillón individual frente a la vieja televisión, en una habitación sin puerta unida a la sala, lo recordaba muy bien por que ese escenario era el objetivo final de un plan maestro. Por la mañana finjía fiebre y cansancio, tosía un poco y cerraba los ojos, con ello olvidaba la escuela por un día. Su madre, que siempre sufrió las enfermedades de su hijo sola y sujeta al deficiente seguro social, lo llevaba a casa de la abuela mientras acudía al trabajo. Al fin, el sillón, la televisión, las caricaturas que, paradójicamente, sólo programan por la mañana, mientras los niños sufren de repetir planas en un cuaderno infinito. Sentado en el sillón atendido por la abuela, esuchando a lo lejos la olla de presión y un aroma de frijoles preparándose para ser comidos más tarde. ¿Cómo puede ocurrir semejante placer en la misma realidad donde algunos insensibles programan las caricaturas por la mañana? Y solo para ganar más dinero por la tardes y noches con un público morboso que espera ansioso el adulterio y el sexo reconciliatorio de los personajes - tal vez una dosis de caricaturas y aroma de frijoles podrían cambiar el mundo – pensaba Martín, de  nueve años, sin saber aún cómo decirlo o escribirlo.

El camión en contraflujo era un acto de rebeldía personal, rebeldía contra esta realidad distorsionada y contra sí mismo; contra el escepticismo y la pérdida gradual de identidad de los que crecen sin recordar la niñez. Aquella mañana había decidio escapar y estaba decidido a hacerlo, viajar hasta el final de la ruta y a través de una ciudad inmensa; aquella mañana acudió al abandono, al acetismo.